Tres orgullos, una comunidad: Quito una marcha dividida (y por qué eso no debería detenerte)

En redes sociales y en algunos espacios de la comunidad circula una versión sobre la marcha del Orgullo Quito que todavía no está confirmada oficialmente: que en 2026 podría haber no dos, sino tres marchas distintas. No hemos podido verificar esta cifra con una fuente oficial al momento de publicar este artículo, y la tratamos con la cautela que merece un rumor.

Pero el hecho de que la idea circule, y que a nadie le resulte descabellada, dice algo importante por sí mismo: la fragmentación ya no sorprende a nadie. Se ha vuelto la expectativa.

Y eso merece una conversación seria.


La marcha del Orgullo Quito y su ruptura de 2025

Hasta 2024, la Marcha del Orgullo de Quito era organizada por la Mesa Autónoma LGBTIQ+ de la ciudad junto a varios colectivos aliados. En 2025, por primera vez en su historia reciente, esa coordinación se rompió. El resultado fueron dos marchas separadas: una organizada por el colectivo Orgullo Quito el 21 de junio, y otra por Orgullofff, autodefinida como una iniciativa de participación ciudadana, el 28 de junio.

No fue una pelea de egos sin sentido. Fue una fractura por diferencias entre los colectivos —así lo reportó la prensa local— y es precisamente ese tipo de diferencia, casi nunca explicada con detalle al público, lo que vale la pena entender.


¿Por qué se dividen las comunidades LGBTIQ+? No somos un bloque homogéneo

Aquí va una verdad incómoda primero: ser LGBTIQ+ no nos hace pensar igual, votar igual, ni vivir la misma vida. La letra que comparte un hombre gay con estudios universitarios y trabajo formal en el norte de Quito no garantiza que comparta absolutamente nada más con una mujer trans trabajadora sexual del sur de la ciudad, o con un joven bisexual de una comunidad rural sin acceso a información ni redes de apoyo.

Este fenómeno tiene nombre y está documentado en la región. En Colombia, desde 2020, existe la Contramarcha, un espacio organizado de forma asamblearia y horizontal que marcha en paralelo —y en ocasiones en sentido contrario— a la marcha oficial del Orgullo en Bogotá. Su crítica de fondo: que el Orgullo institucional se ha convertido en una vitrina despolitizada que invisibilizaría a las identidades más vulnerables de la comunidad —mujeres trans, personas racializadas, identidades no binarias— en favor de una imagen más «vendible» y aceptable para el mercado y los gobiernos locales.

México tiene su propio nombre para el fenómeno: Orgullo Crítico, una corriente que desde 2022 cuestiona la mercantilización del Orgullo y lo que sus organizadores llaman «capitalismo rosa». Según ellos, ese modelo de inclusión beneficia mayoritariamente a quienes ya tienen capital social, educativo o económico dentro de la comunidad, dejando atrás a quienes no.

Tres fracturas que explican la división

Tres ejes explican, con bastante consistencia regional, por qué la comunidad LGBTIQ+ no marcha unida:

Orientación política. Hay quienes ven el Orgullo como un espacio de protesta y confrontación directa al Estado y al capital, y quienes lo ven como un espacio de celebración y normalización social que no necesita estar peleado con instituciones, empresas o gobiernos locales. Ambas posturas son legítimas. Ninguna agota lo que significa «ser parte de la comunidad».

Clase. El acceso a un Orgullo «comercial» —con patrocinios, escenarios grandes, producción profesional— no es neutral. Suele estar más cerca de quienes ya tienen visibilidad, recursos o conexiones. Las identidades con menos capital económico son, frecuentemente, las más violentadas: mujeres trans, personas LGBTIQ+ en situación de pobreza, migrantes. Ellas tienden a sentirse más representadas en espacios pequeños, autogestionados y radicales.

Diferencias educativas. El lenguaje del activismo institucional no siempre es accesible para todas las personas: tiene siglas, marcos legales, términos técnicos. Eso puede generar la sensación de que ciertos espacios «son para los que ya saben hablar así». Sin querer, eso excluye a quienes no se mueven en esos círculos.

Ninguno de estos ejes es exclusivo de Quito. Son fracturas que atraviesan al movimiento LGBTIQ+ en toda la región, desde Bogotá hasta Ciudad de México, desde Buenos Aires hasta aquí.

Despenalización de la Homosexualidad en América Latina
Despenalización de la Homosexualidad en América Latina

Lo que cuesta no olvidar

Hace apenas unas décadas, marchar significaba arriesgar el trabajo, la familia, la integridad física y, en muchos casos, la vida. La primera marcha del Orgullo en Quito, en 1998 —un año después de que la homosexualidad dejara de ser delito en Ecuador— reunió a una veintena de personas caminando por el centro histórico, sabiendo exactamente lo que estaban arriesgando al hacerlo visible.

Hoy discutimos si hay dos marchas o tres. Es, en cierto sentido, una discusión que solo es posible gracias a quienes no tuvieron la opción de discutir nada: quienes fueron asesinados, expulsados de sus casas, encerrados o silenciados por ser quienes eran. La posibilidad misma de elegir a cuál marcha asistir es un privilegio construido sobre la valentía de gente que ya no está aquí para verlo.

Eso no es un llamado a la culpa. Es un recordatorio de la magnitud de lo que tenemos entre manos.


Nadie te representa. Tú te representas.

Aquí está el punto central: ninguna organización, comité o colectivo tiene la autoridad última para decidir qué significa ser LGBTIQ+, ni cuál es la «forma correcta» de celebrar el Orgullo. Ni Orgullo Quito, ni Orgullofff, ni una tercera marcha si llega a confirmarse, ni nosotros en ORGUYO EC. Nadie.

Por eso, la pregunta de a cuál marcha ir es menos importante que la pregunta de si vas a marchar. Asiste a la que más resuene con vos, a la que organizan tus amigos, a la más grande o a la más pequeña, o a las dos si te alcanza el tiempo. Lo que no deberías hacer es quedarte en casa esperando una marcha «perfecta» que represente exactamente lo que pensás, porque esa marcha no existe ni va a existir. La diversidad de la que hablamos todo el año también vive dentro de nuestra propia comunidad.


La fiesta también es resistencia

Hay quienes ven el Orgullo y solo ven música, purpurina y cuerpos bailando, y concluyen que ya no es una protesta real. Esa lectura se queda corta.

La pensadora Audre Lorde escribió que el cuidado de sí misma no es autoindulgencia, sino preservación, y que eso, en sí mismo, es un acto de guerra política. La alegría colectiva de una comunidad históricamente perseguida, su derecho a ocupar la calle con música y color en lugar de hacerlo en silencio o en la clandestinidad, no es la ausencia de la lucha. Es una de sus formas más profundas.

Vivimos en sistemas que necesitan cuerpos dóciles, productivos y disciplinados. Cuerpos que trabajan, consumen y rinden. El ocio gozoso, la fiesta callejera, el baile sin propósito productivo, son actos que ese sistema no sabe cómo digerir del todo. Marchar con alegría no es marchar «menos en serio». Es exigir derechos a nuestra manera: con el cuerpo, con el goce, con la calle tomada no para producir sino para existir plenamente, aunque sea por una tarde.

Orguyo EC
Orguyo EC

El llamado

No importa si finalmente son dos marchas en Quito este año, o tres, o si los rumores se quedan solo en eso. Importa que estés ahí. Con tu bandera, tu pancarta, tu disfraz o tu ropa de todos los días. Solo o acompañado. En la marcha que sea.

Desde ORGUYO EC seguimos trabajando, en Quito y en la región, para que cada vez más personas tengan la posibilidad real de salir a la calle sin miedo. Esa posibilidad existe hoy gracias a quienes marcharon antes que nosotros, muchas veces solos, muchas veces en peligro. Lo menos que les debemos es no desaprovecharla.

Marcha. A la que sea. Por vos, y por quienes ya no pueden hacerlo.

5 comentarios en “Tres orgullos, una comunidad: Quito una marcha dividida (y por qué eso no debería detenerte)”

  1. Mi respeto y reconocimiento para quienes han sostenido esta lucha durante tantos años. Detrás de cada espacio conquistado hay historias de valentía, resistencia y esperanza que muchas veces no conocemos por completo. Gracias por seguir trabajando para que más personas puedan vivir y expresarse con libertad y sin miedo. Comprender el camino recorrido es también valorar el esfuerzo de quienes marcharon antes y abrir camino para quienes vendrán después. Mi apoyo y admiración por esa labor tan importante.

  2. Creo que como humanidad vivimos divididos y hoy, más que nunca, polarizados. Polarizados por como debemos afrontar a los gobiernos, a la lucha que no para por los derechos y a la forma de salvaguardar en lo que creemos. Estamos en una oleada de radicalismos en todo el mundo. Y este artículo, lo que me recuerda, es que la causa es más importante que cualquier frente que decidas escoger. Porque lo más importante siempre es la resistencia y la posibilidad de sumarte para hacer «lo que creo que es lo mejor», porque sí hay miles desde su trinchera y sumando a la causa, tarde o temprano, la aguja se mueve. Gracias por esta reflexión y que todos salgamos como protagonistas y aliados desde el espacio donde creemos que podemos aportar más pero también disfrutar más y sentarnos parte de la tribu porque el sentido de pertenecia es, por encima de muchas cosas, lo que no ayuda a convocar desde la comunidad y ojalá algún día, podamos decir que, en este espacio, en la mitad del mundo, tenemos tanta diversidad y tantas creencias que aprendimos a sentirnos seguros y cómodos todos juntos navegando las diferencias desde la unidad.

  3. La división de cualquier comunidad, región o ideales es lo que debilita la lucha, el no tener claro que mantienen un único objetivo y que estar unidos genera una fuerza mayor, es el motivo para que existan malos tratos, injusticias y vulnerabilidades frente a un público que pocas veces si quiera toma partido como humano que es. Aunque suene trillado la unión hace la fuerza

  4. Que Quito tenga dos marchas del orgullo dice algo que vale la pena nombrar: la comunidad no es un bloque uniforme. Hay tensiones internas reales. Y aún así, o precisamente por eso, marchar sigue siendo necesario.

    No hace falta pertenecer a la comunidad para entender lo que está en juego. Los derechos de grupos minoritarios no son conquistas permanentes, son logros históricos que se sostienen con presencia, con visibilidad, con la decisión colectiva de no darlos por sentados.

    Por eso, a pesar de las divisiones, lo importante es ir.

    Vamos todos a celebrar el Pride!!!

  5. El artículo tiene varias fortalezas.

    Primero, reconoce explícitamente cuando una información no ha sido confirmada (la posible existencia de tres marchas), lo cual muestra un esfuerzo por diferenciar rumor de hecho.

    También evita presentar a la comunidad LGBTIQ+ como un grupo homogéneo y explica que, como ocurre en cualquier colectivo amplio, existen diferencias de intereses, posiciones políticas y experiencias sociales.

    Otro aspecto positivo es que contextualiza la situación de Quito dentro de un fenómeno regional, mostrando que procesos similares han ocurrido en otros países latinoamericanos.

    Sin embargo, también existen algunas limitaciones.

    El artículo cita ejemplos de Colombia y México para ilustrar tendencias regionales, pero no aporta evidencia concreta que demuestre que exactamente esas mismas causas son las que explican la división en Quito. La comparación resulta plausible, aunque sería más sólida si incluyera testimonios de los colectivos involucrados, investigaciones locales o datos específicos.

    Asimismo, el texto adopta una postura conciliadora desde el inicio y orienta su conclusión hacia la participación ciudadana. Esto no invalida el análisis, pero muestra que el artículo tiene un propósito editorial además de informativo: promover que las personas participen en alguna de las marchas independientemente de las diferencias organizativas.

    Finalmente, cuando sostiene que «la fiesta también es resistencia», entra en una reflexión filosófica apoyada en ideas de Audre Lorde. Se trata de una perspectiva ampliamente difundida dentro de ciertos sectores del activismo, aunque no es la única interpretación posible sobre el significado político del Orgullo.

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